Одна из причин пристрастия людей к порочному – безделье. Когда б он возделывал землю, занимался торговлей, разве мог бы он вести праздную жизнь?
Абай Кунанбаев

02 декабря 2013 851

Mailin Beyimbet "Tulibay"

Язык оригинала: "Tulibay"

Автор оригинала: Mailin Beyimbet

Автор перевода: not specified

Дата: 02 декабря 2013

El pasto de nuestra aldea se encuentra cerca del pantano que se llama Korzhun-tomar. Se llama así porque de verdad tiene forma de korzhun - una alforja. Una islita abierta divide este pantano. En el centro de la islita hay un lago lleno de kurak[1]. De ese hecho proviene su segundo nombre - Kurakty. Nuestra aldea se encuentra en la parte oriental. Debajo del montecillo brota el arroyo. Todo el día los niños retozan junto al arroyo, nadan, chapotean, los más breves y gallardos a veces nadan por el arroyo y alcanzan el lago donde kurak se forma un muro natural. Entre toda esa maleza las gaviotas construyen las balsas-nidos de chámara y junco seco. Mi hermano, que es de dos años mayor, pero de misma altura, y yo, muy a menudo deambulamos entre el juncar. Aquí no hay mucha profundidad. Buscamos los huevos en la espesura, frecuentemente encontramos los nidos abandonados y cáscaras. 
- Parece que ya han salido del cascarón, - nos decimos. Pero hay veces que tenemos suerte y encontramos los alargados abigarrados huevos. No hace mucho la aldea tardíamente abandono este lugar para mudarse a dzayliau[2]. En tres días pudimos rebuscar todo el Korzhun-tomar. Aunque conseguimos pocos huevos. Un pequeñito lago Kara-kuga que es parte de la costa occidental del pantano. Tampoco es muy profunda. Entre el juncar sobresalen desde abajo el fan de las pequeñas islitas, unos terrones, que parecen a las jorobas del camello. En esos terrones hacen los nidos los patos- trullos. Ellos ponen un tarde los huevos por eso no importa cuando llegamos a dzayliau, siempre los hemos encontrado frescos. Cada año los recogemos en grandes  cantidad. Los patos hacen sus nidos en unos lugares indiscernibles, y cubren sus huevos con la yerba o con el junco. La aldea se encuentra cerca de Kara-kuga, aproximadamente a 3 verstas, por eso regresamos a casa solo por la tarde. Antes nosotros, cuando éramos niños, nos unimos en la chiquillería y pasábamos allí todo el día, pero ahora no estamos para eso. Decidieron enseñarnos las letras. Nuestro maestro es el mula del bay, solo el diablo entiende quien es: khoja [3]o sart[4]. Tiene cara gris, la barba aguda. Los bigotes los tiene afeitados con cuidado, las cejas entenebrecidas y por eso parece que tiene cuatro ojos. Aquel momento no sabía quien era si buen mula o mal mula. Pero los chicos que ya estudiaban, decían que este mula es muy riguroso. Soy el menor de todos en mi familia. Acaso por eso mi mamá me mima más que a los otros. Cuando nos mudamos desde el invernadero a la yurta, ella me llevó a ver a mula y le dijo:
-Moldeke[5], aquí esta mi hijo menor. Es tan miedoso, tímido. No lo castigue mucho... 
Cada jueves si hay mantequilla hervida mi mamá prepara las galletas muy finas e invita al mula. Siempre me piden llamarlo. Y cuando él llega, mi mamá suele darle una moneditas y le dice con dulzura:
- Moldeke, bendiga a su alumno...
Claro, después de eso Alá me absolvió de las palizas. Otros alumnos le invitan al mula el viernes. Y solo Tulibay nunca lo ha invitado. El padre de Tulibay trabaja como bracero en el servicio del bay Ermaganbet que vive en la vecina aldea. Su esposa y sus dos hijos viven en nuestra aldea en la mugrienta pequeña agujerada yurta. Todos somos aparentados. La mamá de Tulibay ordeña las vacas en el servicio de Ermaganbet. Tulibay es caprichoso, travieso, desobediente, casi no escucha a su mamá. Quizá hubiera querido castigarle por su mal comportamiento, por eso cuando le llevó por primera vez a ver al mula, le dijo:
- Si va a hacer pillerías - ¡golpéelo, no escatime!. La carne es tuya, los huesos son míos.[6]
Nosotros nos sentamos juntos. Tulibay tenía los mismos dotes que cada uno de nosotros. Pero por alguna razón él no le gustó a mula desde el principio. Le reñía como podía, por cualquier motivo: " ¡tonto!", " ¡bestia!", luego empezó a tirarle de las orejas. Tulibay era el primero de los veinte alumnos quien había sufrido las palizas de mula. Toda la tarde durante mucho tiempo repetillamos todo en voz muy alta como si fuéramos unos loros. Se oía el ruido sordo por todo la aldea. A la hora del salah por la tarde cuando soltaban del ronzal a las yeguas lecheras, el mula examinaba nuestras tareas. Al primero que le preguntaban era a Tulibay.
Si el respondía, todo estaba bien. En caso contrario el mula le golpeaba con el látigo. Sin embargo Tulibay tenía un rasgo bueno: por mucho que le golpeaban nunca se llegaba a  desanimado, muy rápidamente se calma de llorar. En los pastos de verano las aldea se encuentran una cerca de la otra. La aldea de mí hermana mayor esta detrás del puerto. Una vez mi mamá y yo fuimos allí, pasamos una noche y al día siguiente regresamos a casa. Si hubiéramos llegado un poco más tarde, yo me pudiera haber quedado en casa. Pero era la hora del almuerzo y mi mamá me dijo:
- Ve a estudiar.
No quería replicarle en contra, así que ya había descansado un día de la empolladura, casi había renovado las fuerzas. Puse bajo mi hombro el mugriento libro de oraciones y me dirigí sin prisa a casa del mula. De repente alguien me llamó. Volví la cabeza: ¡Era Tulibay!.
- ¿Vas a casa del mula? - el corrió hacia mi lado, tomó aliento con dificultad. – mi mamá se ha enfermado hoy, y al mismo tiempo se desapareció el ternero... apenas lo encontré...
Mula tenía la costumbre de golpear a todos quien había tardado. Yo no tenía nada que temer así que el día anterior mi mamá me obtuvo el permiso para irme.
Pero Tulibay tenía una razón dudable y ambos entendíamos bien que le esperaba. Le miré en los ojos:
- ¡Pero el mula te va golpear!
El no me respondió. Íbamos callados. Se oía de vez en cuando el discorde ruido, aumentándose o disminuyéndose. Aun escucharlo era desagradable. ¿Pero que puedes hacer?. 
Entramos. Yo iba adelante, Tulibay estaba detrás de mí. Le saludamos cortésmente al mula. Él se sentaba en los telones, su libro estaba en las rodillas, escribía algo con una pluma de pato. El nos miró de reojo y clavó los ojos en Tulibay. Cuando mula se enfadaba, las puntas de su cortado bigote, afeitado en el centro, se erizaron y se movieron. Así paso ahora. El puso el libro en el baúl y preguntó:
- ¿Por qué tardaste?.
Sin decir palabra Tulibay se arrodilló, se acurrucó adoptando una postura resignante y abrió el oracional. 
Y cuanto mas callaba, tanto se enojaba el mula: 
- ¿Por qué callas, cerdo?. ¡Venga, échate aquí!. El indicó con el látigo con la punta bifurcada el lugar cerca de su baúl. Tulibay se quedó inmóvil. El mula le zurró con exasperación con el látigo. Yo estaba sentado al lado. Una punta de látigo me picó el hombro, yo salté, chillé. Entonces Tulibay también gritó a toda voz: " ¡moldeke-e!". Los otros alumnos primeramente nos miraban con curiosidad y no hacían ruido, pero cuando el látigo empezó a silbar sobre sus cabezas, ellos se metieron las narices en la lectura y se pusieron a ganguear. A Tulibay le ahogaba el sollozo. Esta vez no lo podía contenerlo.
- ¡Lee! - le rugía el mula y le torcía dolorosamente la oreja, le golpeaba por las mejillas, pero Tulibay no cesaba de llorar hasta la noche. Al anochecer mula se puso a examinar las tareas y puso a todos a leer en silencio. Claro que yo no pude aprender nada. “¡Tonto!". gritó el mula y levantó amenazando el látigo. ¡En aquel momento me puse a llorar a gritos!. Pensé: así sacaría mi alma del cuerpo... Sin embargo, no me golpeó. Mandó a otros chicos a irse a casa y nos quedamos  solo Tulibay y yo. Ambos estábamos llorando... El mula nos liberó solo antes de la puesta del sol. Corrimos llenos de alegría como si nos hubiéramos salvado de alguna horrible desgracia. Tulibay no podía parar de llorar. Cuando estábamos cerca de la aldea, se secó los ojos con la manga:
- ¿Vendrás mañana?.
- ¿Y tú?- le pregunté. 
- ¡Yo por nada en el mundo!. ¡Estoy dispuesto de abrazar al cristianismo solo para no volver a ver al mula! 
Al decir eso, de nuevo comenzó a sollozar. También me deshice en lágrimas por compasión. 
Desde aquel tiempo Tulibay no se acercaba al mula. Un par de semanas vagaba por la aldea, luego vino su padre y dijo: "Pues, ¡si no quieres estudiar, vas a pastar las ovejas!". Según los rumores, su padre le mando a Tulibay a ser zagal. Muy rápido paso el tranquilo verano. Comenzó la siega del heno. Cada uno quien podía hacerlo, se ponía la chabola y se dirigía a la estepa. Nosotros no teníamos tal posibilidad. Cada año durante la siega del heno nos mudábamos a los lugares más cercanos al río. Aquel año íbamos a hacer lo mismo. Pero así apareció la pregunta de mis próximos estudios. Unos aconsejaban: "Déjalo en la casa del bay. Tiene que terminar sus clases". Pero sentía que mi mamá no quería hacerlo. Entonces yo también me encapriché, empecé a gritar. Al fin y al cabo decidieron tomarme con ellos.
Pedimos al bay un par de toros para la mudanza. Después del mediodía desmontamos las yurta. Había cuarenta y cinco familias junto con nosotros. Para la tarde todos los nómadas salieron al camino. Yo ensillé un caballo bayo de tres años que mi cuñado me había regalado cuando este era un potro, y junto con el viejo Tanirbergen arreó el rebaño de las vacas. Hacia calor. Se alzaban los torbellinos de polvo. Pronto llegamos hasta la llanura de Alakul. Al este del camino se distinguía un islote de la negra kuga[7]. Allí pastaba a la desbandada una manada de ovejas. Me aburrí de seguir a lento paso las perezosas vacas que iban poco a poco, golpeé con los telones al bayo y lo llevé allí a toda prisa. Las ovejas que estaban mas cerca se echaron del susto a los lados y en ese momento pude ver al ovejero que estaba cerca del lago. Él agitaba las manos y gritaba a las ovejas: ”¡Shay-shay!”.

-          ¡Tulibay..! – le llamé.

¡Qué alegría nos dio vernos uno al otro!. Él estaba pedestre, descalzo; sus labios se hincharon, se agrietaron. En los hombros tenía puesto alguna trapería – el retal de chapan [8]en pedazos. Tulibay comenzó a preguntar sobre la aldea, sobre los chicos. Miraba atentamente y alabó a mi bayo. Había en sus ojos dolor y envidia. “¡Pues, claro, eres suertudo!” – me decía su mirada. De repente recordé: la misma mirada me dirigió aquel día, cuando ambos regresábamos a casa antes de la puesta del sol. Entonces tampoco me había dicho estas palabras. Pero yo las pude adivinar. Pasé mucho tiempo cerca del islote de la negra kuga. Los nómadas ya estaban lejos. Nosotros habíamos hablado mucho. Sin embargo no atrevíamos de despedirnos.

-          ¿Por que no pastas las ovejas a caballo? – le pregunté. Aquel momento me pareció que nos habríamos divertido muy bien si hubiéramos podido ir a galope haber quien llegaba primero. El suspiró:

-          No me lo dieron…

Entendí: al no darle el caballo, el bay le ofendió no menos que el mula. Pero antes había podido decir: “¡Estoy dispuesto de abrazar el cristianismo solo para no volver a ver al mula!”. Pero ahora sin duda no podía decir: “¡Estoy dispuesto a morir de hambre solo para no pastar las ovejas del bay!”. No tuvo tantas fuerzas… Yo seguí a los nómadas. Al poco tiempo me remonté a la cima del puerto y mire hacia atrás. Detrás de la manada que lentamente se dirigía al lago, se arrastraba deprimidamente Tulibay y con tristeza me seguía con la mirada…

 



[1] cerradas cápsula de algodón que se quedan en la planta después de las heladas de otoño.

[2] pastos de verano, por lo general en las zonas de montañas subalpinos y alpinos

[3] en Asia Central, la persona que lleva el origen de los misioneros árabes del Islam.

[4] mayoría kirguís y kazajos usaron el nombre "Sart" en relación a los uzbecos y tayikos

[5] Forma respetuosa de la palabra “mula”

[6] Así decían, dando el niño al mula. La expresión significa: "Haz con él lo que quieras."

[7] Nombre común de algunas plantas de la familia Cyperaceae, junco del lago.

[8] Una bata que llevan encima de otra ropa. 

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