Одна из причин пристрастия людей к порочному – безделье. Когда б он возделывал землю, занимался торговлей, разве мог бы он вести праздную жизнь?
Абай Кунанбаев

02 декабря 2013 738

Mailin Beyimbet "La igualdad del pobre"

Язык оригинала: LA IGUALDAD DEL POBRE

Автор оригинала: LA IGUALDAD DEL POBRE

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Дата: 02 декабря 2013


En 1917, a mediados de noviembre, viajando por los aul, por casualidad, me detuve en lo de Kaukimbai. También Tanirberguen, que regresaba de una reunión parroquial, pasó la noche allí. Los dueños encendieron la lámpara y cocinaron el té. En el  Dastarkhan además de nosotros, los invitados, se sentaron también el Bai, su baibishe, su hijo y su nuera. Cerca del umbral, al lado del samovar, había extendido un paño verde, sobre este estaba sentado un jinete joven y corpulento con la ropa desgarrada. Lo miré: su cara estaba negra y  picada de viruela, su piel áspera y bronceada, con las manos todas cubiertas de llagas y rozaduras, según su aspecto y sus modales, sin duda, era el sirviente del Bai.
Kaukimbai que evidentemente quería demostrar a Tanirberguen  que era un Bai y tenía un sirviente, se irguió un poco y casualmente preguntó:
- ¿Ataste el buey?
Baibishe inmediatamente dejó escuchar su voz y apoyando a su marido dijo:
- El invierno se acerca, es el momento de retocar la valla cerca del estiércol, y este sabe solo estar colgando alrededor, en vano, todo el día.
- ¿Dónde está exactamente colgando alrededor?, pregunto - murmuró el jinete.
El hijo de Bai, que estaba sentado entre sus padres, comentó con una sonrisa irónica:
- No da vueltas en ninguna parte. Sólo juega un poco con los chicos al balón.
La joven nuera tampoco quiso estar atrás y manteniéndose al día con el suegro, la suegra y su esposo se dirigió al sirviente y a su vez también bromeó:
- El pobre tiene mucho trabajo hasta el exceso. Incluso la madera no tiene tiempo para cortarla. Y para traer agua me fui yo sola hoy.

El sirviente guardó silencio, como si estuviera admitiendo su culpabilidad, y después el Bai decidió dejarlo solo y dirigió  la conversación a otra dirección:
- Bueno, dígame, Tanirberguen. ¿Qué noticias trae de la parroquia?
- ¿Cree que tuve tiempo para las noticias...? Estuve en un apuro a vender pronto un par o más de ovejas. Sin embargo... he oído algo. Cosas espeluznantes están sucediendo. Encontré al Tártaro Safi, bueno, ese, el comerciante, el que viaja con un par de caballos bayos y revende ovejas de raza rusa. Él me dijo: los bolcheviques surgieron. Purgan el ganado a los Bai, y se lo dan a los pobres. Ahora dicen, " lo mío – lo tuyo " ya no existe. Todos los bienes ahora son comunes. Eso es todo. Y, según él, ellos son innumerables. Llegaron directamente de las grandes ciudades.
- He oído, he oído – respondió tranquilamente el Bai.
Y su cara retrataba una sonrisa ridícula.
Tanirberguen viendo que aquel ni se preocupaba de las noticias inquietantes, continuó:
- De donde podemos saber, pero Karim, que es competente, sabe mejor... Se dice que estos mismos bolcheviques – eran convictos trabajadores forzados . Cuando el Zar fue derrocado, ellos fueron puestos en libertad.
" Karim sabe mejor " le gustó al hijo del Bai y quiso demostrar a  Tanirberguen que realmente él sabe algo.
- Son  todos pillos, basura, se puede vender con dinero. Aquí, por ejemplo, dele a  Bukabai dinero y dígale: "¡Mate a este!” ¿Es que no lo matará? Y miren, ellos declararon, "daremos el poder a los pobres. " Y los pobres enloquecieron. Pero en vano ellos se regocijan. Mañana, todo se va a terminar...
- Verán, nuestro Bukabai todavía se convertirá en Aulnai (gobernante del aul) –la nuera se rió.
- ¿Y qué? Yo lo seré - Bukabai dijo con gravedad. - ¿Cree que yo sea peor que el hijo tonto de Saribai, que siempre pierde su sello?

El Bai y su baibishe con odio miraron al sirviente.
-¡Miren donde está apuntando!
Cinco años más tarde, en mayo, el caso de nuevo me llevó a lo de Bukabai. Nos encontramos en el camino. Caminaba a pie, sobre sus hombros un viejo caftán desgarrado.
- ¿A dónde te diriges, Bukabai?
- Hacia el Aulnai. De la tesorería llegó la harina, y me voy a llevar mi parte. Yo tengo miedo que la repartan toda y otra vez me quedaré sin nada. Cuando fue la entrega de las semillas, del hambre tuve las piernas paralizadas, y Karim se tomó para él  mi parte de mijo.
Bukabai estaba pálido y ojeroso, como después de una fiebre. Incluso le era difícil estar parado sobre sus pies y entonces habló conmigo, sentado al lado de la carretera. Él dio respuestas detalladas a mis preguntas, que fue expulsado por el Bai, él y su baibishe y todo el invierno, seis largos meses, estuvo mendigando como un mendigo, comiendo gatos y perros.
- Ahora llegó el verano, no nos vamos a morir. Con el arado del Bai aré la tierra y sembré semillas de mijo.
En ese mismo año, encontré a Bukabai en  el granero. Tamizaba con la ayuda del viento una pequeña pila de mijo.
- ¡Que Kirman sea rico!
- ¡Gracias! Él es igual rico, sus almacenes están por explotar, pero apenas suficientes a los impuestos - tristemente bromeó Bukabai.
Parece que durante la distribución de semillas fue registrado por el Aulnai que Bukabai  recibió dos libras de mijo y sembró dos trozos de tierra.
- Y yo ya le dije: mi cuota de semillas fue apropiada por el furtivo Karim. Durante todo el invierno me estuve muriendo de hambre, y en la primavera negocié el  Alasha, la dote de mi esposa, por veinte libras de grano. La sembré, me alegré y ahora toda la cosecha tengo que pagarla como impuestos. Bueno, está bien, la gente ahora tiene pan, viviremos probablemente de alguna manera, por lo menos por alguna obra de caridad...
El pobre hombre Bukabai no resintió al Poder que recaudaba impuestos, no resintió.

- Todos esperamos que pronto a los pobres vendrá la plena igualdad. Pero hasta que eso suceda los Bai nos quitaran todas las venas - dijo Bukabai, de nuevo cogiendo una pala.
En 1923, en octubre, estuve presente en las  elecciones del cuarto aul. La mayoría de los reunidos eran los pobres y de mal humor,  sobre una larga mesa oscilante arreglando unos papeles, estaba sentado un hombre muy serio, de cara gris y bigotuda.
- ¡Camaradas! Me ha enviado a ustedes el Poder para llevar a cabo las elecciones. Ustedes elijarán. Ahora para la reunión hay que elegir el Presídium, dijo.
Los participantes se miraron con desconcierto.
- Explíquenos, querido, ¿qué es " Presídium "?
- Presídium son aquellos que dirigen la reunión: y ¡atención! en la reunión tienen que elegir solo a los pobres. Los ricos, disfrazados como pobres, de ahora en adelante no tienen más lugar entre ustedes, ¡ya demasiado los han engañado! Y si todavía hay alguno aquí, hay que mostrarle la puerta.
- Mirza, permítame decir algo- preguntó Bukabai
- ¡Hable!
- Entre nosotros está sentado Karim, parte del  Kaukimbai que yo trabajé para él por muchos años. En los tiempos de Nikolai, por varios años fue el gobernante del aul. Si es posible, que este caballero salga de la habitación.
- Es justo. Quién es de Kaukimbai, por favor ¡salga de aquí! - Dijo el instructor.
El hijo del Bai, de mediana estatura, y más bien flojo, se cubrió de manchas y fue hacia la puerta. Se hizo paso acompañado por las miradas burlonas de los presentes.
- Bueno, ¿a quién ustedes confían  para dirigir la reunión?
- ¿Cómo a quién? ¡A Bukabai!
De repente toda la sala se llenó de vida y de ruido.
Bukabai se sentó al lado del instructor.

El Representante Gubernamental habló por  largo y tendido. Finalmente terminó, y se dirigió a las elecciones. Bukabai no pudo resistir y pidió hablar.
- ¿Han oído lo que él está hablando, este jinete? Así que ahora todo está en nuestras manos. El Poder nos da la igualdad, y debemos usarla. ¿Es que pensé que algún día llegaría aquí y dirigiría  la reunión? ¡Nunca! Incluso en mis sueños ni lo soñaba. A los cinco años, me quedé huérfano y hasta los treinta cumplidos me doblé como un jorobado ante otras personas. ¿Y que tuve? Ni dinero y  ni comida. Delante el testimonio de Alá - ¡nada! Nada más que el abuso y ser intimidado. Y en el año del hambre, me expulsaron. Karim no me dio ni una semilla, y sus impuestos los escribió a mi nombre. Me llevé una gran cantidad de resentimiento. ¿Qué más puedo decir? , ustedes mismos lo conocen... Así que quiero decirles: elijan a este Aulnai a alguien que realmente se preocupe por el pobre hombre,  que tenga un  corazón para los pobres. Sólo así podremos lograr la igualdad.
- ¡A Usted elegimos!
- ¡Que Bukabai sea el Aulnai!
- Bukabai!
- Esperen – se alzó el instructor - . Hay que ponerlo a votación.
- Ponga, no ponga, vote, no vote, pero el Aulnai - Bukabai.
- ¡Sí, sí! Bukabai - Aulnai!
- ¡Viva la igualdad kedeya! - Alguien gritó.
- ¡Viva la igualdad de los pobres! – Tradujo alguien en esos momentos.